Qué es un punto de pago y cómo elegir el mejor para tu negocio
Antes de elegir cómo cobrar, conviene entender qué hay detrás del cobro.
Un cliente llega. Elige lo que quiere. Llega el momento de pagar.
Ese momento tan cotidiano tiene un nombre técnico: punto de pago.
Y aunque la mayoría de las personas lo han vivido cientos de veces, pocas saben exactamente qué hay detrás, qué significa, cómo funciona y, sobre todo, cómo elegir el que mejor le conviene a su negocio.
Aquí te lo explicamos.
Primero, aclaremos el nombre
Punto de pago, POS, TPV, terminal de venta… es normal que tantos nombres generen confusión. En la práctica, todos hacen referencia a lo mismo: el sistema que los negocios usan para gestionar y recibir los pagos de sus clientes.
POS viene del inglés Point of Sale, que traducido literalmente significa "punto de venta". TPV es la versión en español: Terminal Punto de Venta. Y aunque en Colombia la gente suele usar "datáfono" para referirse a cualquiera de estos conceptos, el datáfono es en realidad solo uno de los formatos que puede tomar un punto de pago.
¿Qué hace exactamente un punto de pago?
En esencia, un punto de pago es la herramienta que conecta tres cosas: la venta, el cobro y el registro.
Cuando un cliente paga, el punto de pago procesa la transacción, confirma que el dinero está disponible, registra la venta y, dependiendo del sistema, actualiza el inventario y genera el soporte del pago.
Todo eso pasa en segundos. Lo que el cliente ve es simple: acerca la tarjeta o el celular, espera un momento y listo. Lo que ocurre por detrás es mucho más de lo que parece.
Un punto de pago puede ser simple o complejo. Depende del negocio
Aquí es donde muchos se sorprenden: un punto de pago no siempre es un solo dispositivo. Puede ser un sistema completo.
En su versión más básica, es un celular con una aplicación que procesa pagos. En su versión más completa, puede incluir un monitor o tablet para gestionar pedidos, un lector de códigos de barras para registrar productos, una impresora para generar recibos, un cajón portamonedas conectado al sistema e incluso una báscula, en negocios donde se vende por peso.
Todo eso, junto o por separado, hace parte de lo que técnicamente se llama un sistema POS.
La clave está en entender que no existe una versión correcta. Existe la que se adapta al tamaño, al ritmo y a las necesidades reales de cada negocio. Y entender cuáles son esas opciones es más sencillo de lo que parece.
Entonces, ¿qué hace que un punto de pago sea bueno?
Independientemente del formato que elijas, hay criterios que cualquier buen punto de pago debería cumplir:
- Que sea fácil de usar. Tanto para ti como para tu cliente. Si el proceso de cobro es complicado o confuso, el problema aparece justo en el momento más delicado: cuando el cliente ya decidió comprar.
- Que acepte distintas formas de pago. Tarjeta débito, crédito, billeteras digitales, transferencias, pagos en persona o a distancia. Hoy los clientes pagan de formas muy distintas y un punto de pago que solo cubre algunas es un punto de pago que cierra puertas.
- Que cobrar y entender lo que entraste sean la misma cosa. No basta con recibir el pago. Un buen sistema te muestra exactamente cuánto entró, cuándo y con qué descuentos. Sin sorpresas, sin cuentas confusas al final del día.
- Que registre todo y lo muestre con claridad. Cada venta quedará registrada: qué se vendió, cuándo y cuánto entró. Un buen sistema no solo guarda esa información, te la presenta de forma clara para que puedas entender tu negocio y tomar mejores decisiones.
El punto de pago no es el final de la venta, es parte de la experiencia
Cuando el cobro fluye, el cliente no lo nota. Y eso es exactamente lo que debe pasar.
Un punto de pago bien elegido no interrumpe la venta, la completa. No genera incomodidad, genera confianza. Y no es un gasto operativo, es una herramienta que trabaja para el negocio cada vez que alguien decide pagar.
Entender qué es y qué debe hacer es el primer paso para elegir bien.